La presión de la American Medical Association, formada por cirujanos, ha terminado venciendo y obligando a Estados Unidos a echar marcha atrás en su idea de añadir un impuesto sobre el Botox. Finalmente, se sustituye por un impuesto sobre el bronceado del 10%. Y como era de esperar, ahora los descontentos son otros.
Desde los salones de bronceado destacan que es un año malo, con una reducción de los beneficios que ronda el 50% debido a la crisis y ahora, el impuesto, perjudicará todavía más que el negocio prospere. Otros, no sólo hablan de economía, sino de igualdad, al considerar que se trata de un impuesto sólo para la clase media blanca (obviamente las personas de color no usan este servicio). El más positivo, el portavoz de Harry Reid, con mayoría en el Senado, asegura que se ha elegido este servicio por la “preocupación por los riesgos para la salud que presentan estos servicios“.
Sea como sea, el proyecto de ley sigue en marcha con el fin de extender el seguro médico a 31 millones de estadounidenses que no tienen cobertura.
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